sábado, 4 de septiembre de 2010

Flores secas



El inútil alarido del cansancio
mil motivos le dio a mi llanto,
me quitó el brío, se tragó mi vida
pues ya no oigo ni canto.

El complejo reitera mis senos,
mi rostro se brota horrendo,
la infección gana mis labios,
muere el pelo entre mis dedos…

Ya ni siquiera un buen sueño
me quita algún mal desvelo,
y cada día me da un sinsabor
del que mi presente es dueño.

Me siento como esas flores
que así mismas de pena se riegan,
que están enteras, que aún se muestran,
que están erguidas pero muertas.